Hace unos años encontré buceando por internet un campo de flores en la provincia de Buenos Aires, que se llama Mainumbí. Originalmente fueron los campos de la familia Mulcahy, cuyo hermoso jardín estilo inglés se destacaba entre todos los otros. Sin embargo, decidieron darle a Mainumbí la oportunidad de volver a alojar a los polinizadores originales reinsertando lentamente la flora autóctona local. Así, el prolijo césped transmutó y dio paso a hermosas praderas naturalizadas plenas de vida; retornaron miles de aves silvestres e insectos… ¡y qué decirles de las mariposas!
Cuando vi las fotos del lugar sentí la imperiosa necesidad de buscar la forma de poder conocerlo, recorrer, tomar mi tiempo, escribir, pintar y soñar en ese campo de flores. Muy decidida, armé un bolso pequeño con lo indispensable para tres o cuatro días y otro con varios libros, un cuaderno en blanco, lápices, pinceles, papel de pintura y acuarelas.

Los invito a imaginar esas tardecitas calurosas bajo las frondosas copas de árboles antiguos. Pastizales ondulados por el viento y salpicados de pequeñas flores que brillan como joyas; senderos estrechos entre las matas y macizos de colores que conducen a nuevos paisajes; un arroyo que nutre el estanque del que Monet no se hubiera despegado sin antes pintar unas quinientas obras; un arco de rosas que enmarca la entrada a un huerto lleno de magia…
Una mañana, después de tomar un desayuno casero, me fui a leer bajo una enorme magnolia. Estaba cargada de flores y su fragancia se hacía hasta empalagosa por su intensidad. No me podía concentrar y dejé que mi mente se fuera a vagabundear; en un instante me encontré afirmando en silencio “si alguna vez me vuelvo a casar, mi ramo va a ser de magnolias”.
Los días que estuve en Mainumbí pasaron volando. Lo que sí puedo asegurar es que mi tránsito por el campo de flores fue una experiencia especial, que atesoraré toda la vida. Se trata de cerrar etapas, de cumplir sueños, de arriesgarse a que suceda.
¿Se acuerdan lo que les conté sobre la magnolia? Bueno… tres años más tarde conocí al amor de mi vida ¡y nos casamos!
— Silvina





