Porque la experiencia es fáctica, es algo que sucede, real; con la práctica, la reiteración, logramos domarla y domesticarla, organizando su ritmo, determinando sus pasos, un ordenamiento o secuencia; un conocimiento mutuo entre el que lo hace y esa actividad en particular.
Sencillamente, pasa de ser una experiencia desbocada a constituir una técnica consumada, con melodía y armonía en sus pasos.
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